Mejorando las habilidades de comunicación en familia

Manuela tiene una buena relación con su hija Paula. Ambas son divertidas, curiosas y disfrutan haciendo cosas juntas. Las cosas se complicaron después de la separación, no sólo por el tema de la gestión del tiempo. Paula nota que Manuela tiene menos tiempo para ella, y, a los 12 años, también está empezando a experimentar sus primeros cambios de humor de adolescente. A veces ambos explotan. Paula se enfada, grita y critica a su madre. Aunque Manuela sabe que el comportamiento de Paula se debe a su actual etapa de desarrollo, a veces se siente herida y le grita. Este ambiente hostil puede durar días y los agota a ambos. Lo que más duele es que cada vez es más difícil hablar con el otro, y cada vez que estas explosiones ocurren, se vuelven más difíciles de perdonar.

Manuela me escribe, y después de discutir una posible intervención usando el enfoque de la inteligencia emocional, decidimos reunirnos, los tres. La idea es centrarse en el equilibrio físico y emocional que nos permita evitar entrar en la arena del conflicto, y recuperar la capacidad del cuerpo para comunicarse con autenticidad.

Después de tres meses, ambos han encontrado su propia manera de comunicar lo que quieren y necesitan. Estas conversaciones pueden ser a veces incómodas, pero no se parecen en nada a sus anteriores y violentas peleas. Definitivamente aprendieron a mejorar sus habilidades de comunicación.

¿Cómo lo conseguimos?

Empezamos con la flexibilidad física y la movilidad, para no quedarnos atascados.

Nos tomamos el tiempo para respirar de diferentes maneras. Ayuda a abrir las habilidades de comunicación.

También era importante moverse con la música, ya que se convierte en un momento de alegría compartida.

Usamos nuestras voces como una expresión de cómo nos comunicamos y cómo reaccionamos a la forma en que la otra persona se comunica

Y luego establecemos la intención: ¿qué queremos cambiar?

Independientemente de lo que había sucedido durante la semana, ambos acordaron compartir un momento de paz y descanso juntos. Esto era importante para traer la paz a casa.

Nos reuníamos una vez a la semana. Aunque Manuela me mantenía informado regularmente, no necesitábamos entrar en los detalles del conflicto. Lo que compartía era una clara mejora de la comunicación.

El objetivo era lograr una hora compartida, fuera de las rutinas habituales, en la que ambos pudieran decir lo que quisieran.

Añadimos unos ejercicios de escritura durante unos días, escribiendo buenos deseos o agradecimientos mutuos para cada uno. También armaron un rompecabezas con una foto de ambos juntos, y con el tiempo redescubrieron sus cualidades personales.

Ambos aprendieron por placer, sin presiones ni expectativas externas, lo que confirmó una vez más que el cuerpo tiene una forma muy directa de comunicarse y que mucho depende de nuestra actitud. Estar atento a nuestro lenguaje corporal nos muestra a dónde ir. Nos guía y nos da mucha confianza cuando se trata de entender más allá de las palabras. Este ejercicio de atención plena mejora nuestra inteligencia emocional.